jueves, 21 de enero de 2010

Tránsito escribal, prueba I

Jose Manuel; ayer después de 5 años tuve un reencuentro con la posibilidad de no sentirme mal si solo veo películas y nada mas que eso. Pensar y escarbar en los próximos diálogos, disfrutar de frases contundentes y expresiones corporales excelentemente trabajadas. Nunca dudé en pensar que el cine estaría ligado, no al ámbito académico en el que me desenvuelvo, sino en el estilo de sentir que continuamente acumulo de aquel.

Solo palabras.
Si no son inteligentes no importa.
Quieres escribir,
vamos a hacerlo¡

La moraleja cursi light que aprendí de esta hermosa película (Martín Hache se titula) es que no existe nada mas divertido y noble que confrontar con los amigos aquellas penas y glorias, quizás logros y sueños, que te quitan la poca lucidez que logras reunir en el día a día. Pero pelearte duro, pelear por la vida huevón. Sentir que te gusta, callar y escuchar las razones incorruptibles por las cuales seguir en esto en el silencio de tu letargo. Quiero eso, lo anhelo.

Escribamos de cosas diarias. No me refiero a cotidianidad, sino rutina. Pesado, no?
En clave pedante, convirtamos eso que jode en literatura. Pero no en palabras que consagren el intelecto. Aun no. Escribamos para nosotros. Hagamos nuestra correspondencia. Poca, mucha, indiferente, cálida o repugnante. Antes de escribir sobre cuanto tema sea posible designar, ¿no es acaso lógico escribir sobre nosotros?. Conocernos en la escritura. Aprender en la escritura.

Conjuro: Esta empresa será sostenida única y exclusivamente por el gusto a escribir.

Gracias,

Italo

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